viernes, 12 de agosto de 2011

Simón de Cirene

 ¡Eh tú!, ayúdale a llevar la cruz.


Simón estaba de camino a su casa; regresaba  del campo después  de realizar sus tareas habituales, cansado por el trajín del día,  volvía con el paso lento y la respiración  pausada.
 ¡Que día agotador había sido aquel día!  Era uno de esos momentos que queremos regresar  pronto a casa, cobijarnos en el mullido calor de nuestro hogar y no salir hasta que el cuerpo vuelva a tomar fuerza... Ya estaba muy oscuro.
Pero algo estaba aconteciendo, Simón escuchaba el murmullo de la gente, él sabia que estaban preparando  la fiesta de La Pascua de los Judíos; estaban en las vísperas, él  lo sabia bien porque pertenecía a la sinagoga de los cireneos...
Pero algo extraño estaba ocurriendo  podía percibirlo en su corazón., también podía sentir en su espíritu  que ése no era un día cualquiera. Como hombre sensible  podía apreciar  que algo estaba por acontecer; su  corazón estaba expectante, sus fibras íntimas podían percibir  algo extraordinario,  algo trascendente estaba por ocurrir.
Siguió caminado hacia la plaza cuando escucho una voz que le decía: “¡Eh tu!... ayúdale a llevar la cruz hasta el Gólgota.
Ayudarle a llevar la cruz; ¿a quién?  La mente de Simón  se turbó al ver a aquél hombre sangrando, con una corona de espinas sobre su cabeza; nunca había visto algo así.
Simón pensaba ¿yo por qué tengo que ayudarlo? ;¿Acaso no hay otro? hoy fue un día terrible para mí; el sol en el campo me pegó fuerte, estoy cansado , voy rumbo a mi hogar, quería bañarme; quiero encontrarme con mi esposa y mis dos hijos.  Los pensamientos de Simón  corrían ligero dentro de su cabeza hasta que se interrumpieron cuando Jesús cae con la cruz delante de él.
El Hijo de Dios debilitado, con pocas fuerzas por los azotes recibidos no podía continuar solo cargando  su cruz , su cuerpo  estaba  herido, su  cabeza sangrando, su espíritu  atenuado  por la soledad  y el abandono de los suyos.
De pronto una mano golpea el hombro de Simón: ¡Eh tu! No te dije que le ayudes a llevar su cruz!... Simón con ese corazón que sólo los que aman a Dios tienen,  se agacha, Toma  la cruz de Jesús  llena de sangre, y dice: por amor a éste pobre, por amor a lo que está sufriendo y lo que le están haciendo padecer,  recojo su cruz ; así  comenzó a caminar al lado del Maestro hacia  el  Gólgota.
La mirada amiga y el amor profundo en los ojos de Jesús habrán quedado por siempre grabados en la memoria de Simón. Una mirada de agradecimiento y de compasión  que jamás olvidaría!
Una mirada que borraría  todo juicio! Que le haría mejor persona,  una mirada que lo llenaría de fe, que transformaría su alma.
No sabemos lo que la gente les diría durante el camino al Gólgota, pero Simón lo acompaño hasta el final. 
Seguramente  Jesús le agradecería al Padre por aliviarle la carga y enviarle a Simón el escogido para esa ocasión.
La vida de Simón continuó su curso, su encuentro con Jesús de Nazareth lo había transformado,  había transformado su hogar.
Su esposa y sus  dos hijos, Alejandro y  Rufo siguieron junto con él al Cristo resucitado; trabajando para que otros puedan conocerle.
La vida de todo ser humano no es la misma después que Jesucristo la ha visitado.
Dale un lugar en tu corazón al  Nazareno y verás tu vida y la de tu familia transformada.

                                                                                      Monica
                                              



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